Cuantas veces nuestra alma tiene sed! Y como aquella mujer encontró que el pozo era hondo. Muchos lo encontramos así; nos parece demasiado hondo por la ansiedad producida debido a alguna enfermedad en la familia, o por un hijo que nos dice «Mamá, me voy de casa». Nos desesperamos por el esposo(a) que abandona el hogar o porque el dinero no alcanza y los alimentos escasean…¿Cómo obtener la victoria sobre esa profundidad y alcanzar el agua que calma la sed?
«Si supieras lo que Dios te puede dar y conocieras al que te está pidiendo agua…» Hoy también Jesús nos dice, que no hay pozo demasiado profundo para El. Él bajó desde lo más alto para poder socorrer a quienes estamos sumergidos en nuestros dolores, angustias y desventuras. Hoy, Cristo es el que sacia toda sed. Si como la mujer dices: «Señor dame de esa agua», serás saciado y la frescura de su presencia inundará todo tu ser. Con El obtendrás la victoria sobre cualquier situación, por más difícil o profunda que sea.
Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre;
y el que cree en mí, nunca tendrá sed.» Juan 6:35
y el que cree en mí, nunca tendrá sed.» Juan 6:35

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